1/23/2015

Recuerdos 5: La Piel.

-Qué buena noche se ha quedado ¿no?.- Fue bajando velocidad del coche hasta ir a mi paso.
-¿A esto le llamas buena noche?.- Miro hacía el cielo gris.
-Bueno... Podría ser peor.
-Si... Esta lloviendo y estas tú aquí...
-Eso no es tan malo mujer.
-¿Por qué no me dejas tranquila?.
-Encima que he ido al Starbuck más cercano para traerte un café calentito...
Estoy congelada. El frío me puede y una vez más caigo en su trampa.
-¿Caliente?.- Digo apunto de resbalarme con mi propia baba.
-Ardiendo.- Susurra.
Me paro y ella lo hace conmigo. Cuando entro al coche, al coger el vaso se me pone la piel de gallina. El olor a café entra directamente en mi. Le doy un pequeño sorbo y noto como el café me va calentado. Ella no me quita ojo de encima. Esta vez sonrío yo.
-¿Mejor?.- Pasa una mano por mi húmedo pelo.
-Si.
Sin volver a entonar ninguna palabra más, quita el freno de mano y ponemos rumbo a su casa.
Cuando llegamos decido tomarme una ducha caliente. Mientras que me relajo bajo la ducha, escucho como la puerta se abre. En el baño entra una racha de aire frío que hace que mi piel se erice.
-¿Vane...?
No sé por donde empezar. Escucho como se apoya en la puerta mientras resopla. La noto seria sin verla.
Decido salir. Salgo de la ducha ante la antena y fría mirada de Vanesa.
Ella me tiende una toalla. Me envuelvo en ella y siento la necesidad de abrazarla. Camino y me apoyo en ella, la rodeo con mi brazos esperando a que ella haga lo mismo. Pero nada. No llega ese abrazo que tanto deseo y necesito.
Sé que ella me esta pidiendo a gritos una explicación por ese ataque tan repentino de celos en el bar.
-Vane ¿Quieres hablar?.
No dice nada. Me separo, y clavo mi mirada en la suya. Sus ojos me gritan que sí pero su boca sigue cerrada.
-No vamos a estar así toda la noche ¿no?.
-Cámbiate, vas a coger frío.
Tras decir esto, sale del cuarto de baño y cierra la puerta.
¡Ay mi madre! Cuando se pone así de borde no sé si tenerle miedo o quitarle esa tontería de golpe.
Salgo del cuarto de baño vestida con una camiseta suya que me llega a medio muslo.
Al mirarme al espejo me sale la típica sonrisa nerviosa. La veo sentada en el sofá con un gesto bastante peculiar.
Resoplo. Hago una cuenta atrás. Hago una ultima parada en el espejo. Y salgo de la habitación.
Desde luego, Vanesa cuando se lo propone podría plantarle cara al mismismo Hitler.
Me pienso sobre si sentarme en el sofá libre o donde esta ella.
-¿Me has traído un café del Starbuck y ahora no me diriges la palabra?
Me mira divertida y con su particular acento responde:
-¿Quieres que te deje donde te encontré?.
Termina levantándose y sacándose del bolsillo las llaves del coche.
¡Oh no! Por ahí no paso.
Camino hasta tenerla cerca. Ella ladea una sonrisa que no me gusta nada.
-¿Perdona?.- Digo en posición de jarra.
Su sonrisa se agranda por momentos. La odio, os lo juro, cuando sonríe así es para matarla.
-¿Puedes dejar de sonreír?
-No.
Parece que le hace agracia este momento. Me revuelvo. La asesino con la mirada y su sonrisa siguen sin desaparecer.
-¿Qué quieres que te diga?.- Pataleo cual niña de quince años.- Vane, estoy celosa, muy celosa, créeme.
Vane sonríe, ¿Y cuando no?. Se acerca a mi pero doy un paso hacia atrás. Mi espalda da contra la pared. Ya no puedo dar más pasos hacia atrás y Vane camina hasta tenerme donde me quiere. Me besa y apoyando sus manos en la pared susurra para que quede entre nosotras:
-¿Me crees tan idiota de cambiarte por otra?.
Sonrío. Creo que es la primera vez que lo hago desde que salí del bar.
-Eres muy pava Malú, pero que muy pava.
Sigo sin responder. Parece que me hayan clavados dos chinchetas en los mofletes. No puedo dejar de sonreír.
-¿Algo más?.- Murmura la mujer malagueña que me trae loca.
-No sé....- Me entra la risa y toda la seriedad del momento se esfuma de la casa.
Vane se despega de mi y mientras camina hacia la cocina dice:
-Le encargue a mi hermano una cosa que seguro que te va a gustar.
-¿Seguro?.- Camino tras ella. Del frigorífico saca una botella de vino. Encima de la encimera pone dos copas y las llena.
-¿Te gusta el vino no?.
-Si.
Por inercia cojo la botella de vino. “Vega Sicilia Reserva Especial del 1994”
Sin dudarlo la miro sorprendida mientras bebo de la copa de vino.
Al cabo de un rato a la botella de vino a penas le queda para la última copa. Nos encontrábamos de nuevo en el sofá.
-Va...- Digo sentándome a lo indio.- Vamos a brindar.
Mi Vane sonríe, se sienta de la misma manera que yo y responde:
-Malú, eso se hace al principio, no cuando llevamos...- Coge la botella y la pone boca abajo, a penas salen de ahí un par de gotas. Suelta una carcajada y de golpe le quito la botella de las manos.
-Vamos, no me seas idiota.
Alzo la copa, y sin decir nada imita mis pasos.
-Tu dirás.
Asiento. Y con una sonrisa comienzo a hablar.
-Venga, por ti y por mi.- Digo tímidamente.
-Por nosotras...
-Eso es.


Chocamos las copas y nos bebemos de un trago lo poco que nos queda de vino.
Dejo mi copa encima de la mesa que tenemos enfrente. Acorto distancias, y con la mayor sutileza del mundo le quito su copa de las manos. Vanesa con su mirada va vigilando cada uno de mis movimientos.
Cogiéndola de la mano la llevo hasta su cuarto. Al entrar la oscuridad impera en la habitación. Solo entra la claridad que desprenden las farolas que se cuelan por las rendijas de las persianas.
Dándole pequeños tirones a su camiseta consigo tenerla cuerpo a cuerpo.
Vamos andando lentamente por la habitación hasta que mis piernas topan con su cama.
-Acuéstate.- Ordena.
La miro, mis ojos desprenden calor. Mi cuerpo demanda al suyo y no veo la hora de tenerla encima mía.
Le hago caso. Sin dudarlo lo hago, enseguida, Vane desde su altura, clava sus rodillas en la cama y murmura:
-Nunca dudes de mi fidelidad.
No sé a que viene. Es más, ahora no quiero hablar de eso.
-Vane ahora no.
-Si, lo necesito.- Contesta.- Necesito que comprendas que cuando yo estoy con alguien me desvivo por esa persona.
-¿Y por qué lo hiciste?.
-No lo sé... Fue hace muchos años, lo nuestro se acabó, ella insistió en que siguiéramos juntas a pesar de que yo no sintiera nada hacia ella. No la quería.
-Sigo sin entenderlo...- Bajé la mirada. Quería mirarla de otra manera, pero mis ojos no entendían nada. ¡Pobre chica! ¡Lo que tuvo que sufrir!
-Malú...
No la escucho y sigo con mi discurso.
-Nunca tuviste que contarme lo que hiciste en tu pasado.
-Tú preguntaste.
-Ya... Pero yo pensaba que...- Me callo de golpe. No quiero joder más este momento.
-Pensabas que.
-Nada.
Vane, clava sus ojos en mi, y con un gesto más que confuso asiente.
Su boca insaciable vuelve a atacarme. Me dejo llevar y bajo su cuerpo la disfruto.
Incapaz de seguir quieta, me muevo rápidamente para ponerme encima de ella y poder tener las riendas del momento.
El tiempo va a contrarreloj. Nuestro momento esta a punto de llegar. Se arquea. La beso. La siento. La quiero toda para mi.
Sin parar, agotamos todos los minutos que nos concede este maravilloso juego. La temperatura es inmensa.
El juego termina con una Vanesa cansada, sudorosa y bastante sexy.
Caigo derrotada encima de su cuerpo mientras ella me aprisiona entre sus brazos.
-Ves ese boli.- La oigo murmurar
-Si.- Contesto aun con la voz entrecortada.
-Pásamelo.
Me bajo de su cuerpo hasta alcanzar el bolígrafo.
-¡Pero dame papel!.- Regruñe tras mi espalda.
-¿Crees que soy una papelería?.- Carcajeo y noto como me aparta el pelo y comienza a escribir en mi espalda.


-Vane!.- Me muevo un poco y la escucho quejarse de nuevo.
-¡Pero no te muevas! Estoy en plena creación!.- Bromea. Dejo que termine de escribir a pesar de las tantas cosquillas que me esta causando la punta del bolígrafo.
-¿Sabes? A mi me encantan las papelerías.- Ríe.- Siempre que veo una acabo entrando y pillando bolis y libretas.
Sonrío mientras me aguanto la risa y las ganas de moverme.
Sabiendo que le ha venido la inspiración le pregunto por lo que esta escribiendo pero como siempre hasta que no tiene nada concreto no me dice nada.
-¿Y como la vas a llamar?.- Insisto.
Ella se lo piensa y tras volver a escribir en mi espalda dice:
-La piel.
-¿La piel?.
-Si... La piel.





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