12/11/2014

Capitulo 4: Otra vez te eché de menos ¿Cuánto va a durarnos esto?

Málaga, mi destino favorito para volver a encontrarme y relajarme. El mar, el aire, todo, aquí todo es diferente. La forma de hablar, caminar, pensar, ser, aquí no existen ni Lunes desastrosos ni Domingos aburridos. Aquí la coletilla “Martín” se queda en Madrid. Aquí, en Málaga simplemente soy Vane, la hija de “La Toñi”.

Hoy era un día cualquiera, ¿sábado, domingo? No lo sé muy bien, hace tiempo que no miro ni el calendario ni el reloj. Solo sé que lo pasé reflexionando junto a la orilla. Era día de guitarra, folios, tinta y mar.

Al volver me di cuenta que mi casa había pasado de ser de personas decentes a un montón de psicópatas insaciables.
-¿Que pasa aquí?.- Entro al comedor y veo a mi madre arreglando a mi sobrina pequeña y a mi hermano mayor junto a su hija hablando pasando de los decibelios normales.

Mi ahijada se deshace de las manos de mi madre, corre por el pasillo pero antes de que se meta en el cuarto la cojo al vuelo.
-¿A donde vas tú?.- Le pregunto. Ella con una sonrisa que no le cabía en los labios me responde:
-Al concierto de Malú.- La dejo en el suelo y voy hacia mi madre. Necesito verificar dicha información.
-¡Mama!.- Doy pasos acelerados hasta tenerla enfrente.-¿A donde vais?
-A donde vamos querrás decir.- Responde con autoridad.
-Esta bien, ¿a donde vamos entonces?.
-A Fuenguirola.
-¿A qué?.
Mi madre, con la misma sonrisa que mi ahijada, me enseña las entradas para el concierto y responde a mi pesar:
-Al concierto de Malú.
-¿Lo qué?.
-Lo que oyes.
Miré hacia abajo, solo por dos motivos, el primer motivo era intentar tranquilizarme y el segundo pero no menos importante era para buscar frases, palabras lo que fuera para decirle a mi madre y no terminar por faltarle al respeto.
Opto por algo sencillo, rápido y entendible.
-Mama....- Cojo su cara y mirándola fijamente a los ojos digo pausadamente.- No voy a ir.
-Si vas a ir... Vanesa, cariño.
-Mama, no te lo estaba preguntando.
-Como quieras...
Camino hacia el sofá y me siento al lado de la única persona cuerda de toda la casa, mi abuela.
Cuando lo hago, lo hago cruzándome de piernas y brazos. Mi abuela clava sus ojos en mi, pero intento no darle importancia, pero con ella es imposible.
-Abuela, no quiero ir...- Digo sin que ella diga nada, solo su mirada me dice todo lo que me quiere decir.
-Mi niña...- Pone una de sus manos sobre mi pierna.- Yo no te he dicho nada.
-Ya... Pero sé lo que me quieres decir con solo mirarme.- Ahora si, clavo mi mirada en la suya.
-No te pido que vayas, pero solo te pido que no les tengas en cuenta que quieran ir.
-A mi me da igual.
-Les ha invitado Malú y eso les ha hecho más ilusión si cabe... Mira la niña.- Las dos miramos a mi ahijada. Ella estaba con unos pantaloncitos vaqueros y una camiseta blanca. No paraba de mirarse al espejo y de corretear por la casa. Estaba deseando irse solo para ver a Malú.
-Rocío es la que más a querido a Malú.- Digo sin quitarle ojo a mi niña.
-Hombre... Cuando Malú llegó a esta casa, Rocío estaba a días de nacer, prácticamente Malú ha estado en la vida de ella, es normal que la eche de menos y que quiera verla.

Siguiendo con mi mirada los pasos de mi sobrina, comenzaron a venirme un montón de recuerdos con ella y Malú. Sobre todo las noches. Cuando nos quedábamos a dormir en casa de mi madre, Rocío solía dormir con nostras en una cama de 90.
A mi siempre me hacían dormir con mi espalda pegada a la pared, Malú decía que así nos ahorraríamos caídas inesperadas. Mi sobrina, como siempre, estaba de parte de Malú y no me quedaba más remedio que dormir ahí. Y la verdad que la perspectiva era maravillosa.

Cuando ellos se fueron, sin pensarlo, cogí mi guitarra y las llaves del coche. Tras despedirme de mi abuela con un “Ahora vengo” me dirigí hacia la playa.
No entienda muy bien el agobio que sienta en mi cuerpo. Me despedí de ella porque no tengo el valor suficiente para decirle a la cara lo que siento. Y siento muchas cosas, y aunque ella sabe algunas cosas que le conté aquel día, no es ni una tercera parte de lo que tengo guardado para mi... Y ahora aparece como si nada y pretende que vaya a su concierto a verla...

Cuando llegué a la playa lo primero que hice fue sentarme en la arena y sacar la guitarra. Con la mirada puesta en el mar toqué varios acordes al azar. Y con la guitarra bien afinada puse a mi mente en modo aleatorio. Comencé a tocar “Hablas”.

Cuidas, que de tu lenguaje nunca nada comprometa 
Y yo que me muero por soltarme la coleta”



No sé el tiempo que pasé tocando casi todo el repertorio de mi nuevo CD. Con las manos cansadas y la voz casi rota eche mi vista hacia el cielo en su busca. La buscaba a ella, necesitaba su voz... Su voz que me sirva de aliento para poder enfrentarme a esto. Apreté mis puños y abrí los ojos.

"Abuela, ayúdame... Ayúdame por favor."

Abrían pasado más de dos horas en las que estuve "hablando" sola. Buscaba que me dijera que todo iba a salir bien, y que dentro de poco Malú volverá y será todo como fue al principio.
Pero todo se derrumba al sentirme de nuevo sola en mi triste y cruda realidad.
Seguían pasando los minutos hasta que mi tiempo se paró al escuchar un coche pararse justo detrás de mi.
Oí su voz desesperada. Me llamaba y no sé si me llamaba porque necesitaba verme o era para volver a la guerra. Y yo hoy no estoy preparada para ninguna guerra.

-Vane...- La escucho por detrás. Su tono de voz arrastra inseguridad y ansiedad. Cierro los ojos y respiro del aire que me trae la playa.


-¿Qué?.- Susurro. Dejo mi guitarra a un lado y me levanto de la arena. Me giro y me la encuentro apoyada en mi coche con una camisa de cuadros, un pantalón negro y unas convers. Su cara delata lo que su voz ya me dijo. Parece mentira que acaba de salir de un concierto. Ella siempre después de un concierto no había quien la parara. El subidón le duraba horas. Y ahora se le ve desganada, con poco tiempo y por su cara diría que un poco enfadada.

-¿Podemos hablar como dos personas normales?.- Se descruza de brazos y camina. Yo me encojo de hombros dándome por vencida una vez más.
-¿Por qué no has venido al concierto?.- Pregunta. Sin saber muy bien que contestar me vuelvo a encoger de hombros.
Se escuchaba como las olas rompían sobre las rocas. El airecillo que subía por las dunas y poco más. Yo hace mucho que me quedé sin respuestas y ella con muchas preguntas por hacer.
-Vane... Tú no estas bien.- Dijo colocando suavemente sus manos en mi cara. Yo las intenté esquivar pero ella me obligó a mirarla a la cara.
-No digo que estés así por lo que pasó entre nosotras. Me refiero mentalmente tu no estas bien.- Su cara de preocupación me asusta. Malú siempre ha sido muy exagerada. Sé que muchas cosas, circunstancias, momentos, me han cambiado el estado de ánimo, pero tampoco estoy, tan, tan, tan mal como dice ella.
-Estoy bien.- Digo segura. No sé de donde me saco una sonrisa que a mi me llega a convencer. Ella achina los ojos y aprieta más sus manso en mi cara. Con un movimiento rápido de cuello me deshago de sus manos.
-¡Illa!.- Paso mis manos por mi cara y reguño.- ¡Me vas a romper la mandíbula!.
-Cuanto tiempo sin escucharlo...- La miro extrañada mientras ella comienza a reírse sin control.
-¡Illa!.- Imita mi acento y vuelve a reír.
Mientras que caminaba hacia mi coche intentaba no reírme, intentaba aparentar lo que no era, y a mi eso de hacerme la dura me sale muy mal, así que deje de un lado todo y comencé a reírme con ella. Me apoyé en mi coche y la vi caminar hacia mí limpiándose las lágrimas que salían de sus ojos.


-Hacia tiempo que no me reía de esta manera.- Dijo dejando todo el peso de golpe en el capo de mi coche. Por unos instantes permanecemos calladas. Disfrutando de este momento que hacía un año que no teníamos. Por unos instantes hemos enterrado el hacha de guerra y volvemos a ser lo de antes.
-Vane...
Pasé de contestarle y fui directa a mirarle a los ojos.
-He echado tanto de menos estos momentos contigo...- Acarició suavemente mi mejilla. Volví a sonreír. Esta vez fue una sonrisa sincera. Yo también había echado de menos estos momentos con ella. Es más, no quiero perderlos.
Me dispongo a hablar y a decirle que yo también los echo de menos, pero su boca fue más rápida que la mía y termina por cubrir la mía.
Mi reacción instintiva fue dar varios pasos hacia atrás, intentando pararla, que no me volviera a besar. Sobre todo eso... Que no me volviera a besar.
Ella caminaba esta vez lento, con una mirada que ardía y que me invitaba, como otras tantas, a quererla.
Volví apoyarme en el coche. Extasiada por su beso, intento mantener las formas y reprimir mi instinto más salvaje. Ella lo sabe, se da cuenta que estoy luchando por no bersala. Eso le aviva más y camina hasta que su frente y la mía terminan juntándose. Pasa su lengua por su labio inferior y termina por susurrar:
-¿Quieres más?.



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